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página de filosofía de jesús ángel martín

materiales didácticos. Russell y la filosofía anaítica


La filosofía Analítica: BERTRAND RUSSELL

RUSSELL: vocabulario

resumen de las ideas principales del tema de PAEU en RUSSEL

otras corrientes filosóficas del siglo XX


 

LA FILOSOFÍA ANALÍTICA: Bertrand RUSSELL

1. La filosofía analítica: temas y representantes principales.

Introducción

También llamada «análisis filosófico», es el conjunto de tendencias de filosofía del lenguaje, resultado del giro lingüístico producido en las primeras décadas del s. XX, que como característica común sostienen que los problemas filosóficos consisten en confusiones conceptuales, derivadas de un mal uso del lenguaje ordinario y que su solución consiste en una clarificación del sentido de los enunciados cuando se aplican a áreas como la ciencia, la metafísica, la religión, la ética, el arte, etc. Por lo general, los autores que siguen estas tendencias entienden que la filosofía es una actividad -para unos terapéutica, para otros clarificadora- cuyo objeto es esclarecer el significado de los enunciados. En palabras de Habermas, se produce un cambio de paradigma, al pasar de una filosofía de la conciencia, o de una epistemología, -en la que importan las relaciones entre el sujeto y el objeto- a una filosofía del lenguaje, en la que importan las relaciones entre el enunciado y el mundo, esto es, a una teoría del significado. Una cuestión tan clásica, por ejemplo, como la que puede formularse en teoría del conocimiento acerca de «qué es conocer» se reformula y reinterpreta como una cuestión sobre el significado, referente a «qué se quiere decir cuando se dice que conocemos algo».

La actividad dilucidatoria de los enunciados, característica fundamental de todo el movimiento analítico, comienza con las tareas de fundamentación lógica de la matemática, emprendidas por Russell y Whitehead con la publicación sobre todo de Principia mathematica (1910-1913), obra que, siguiendo los estudios iniciales de G. Frege, funda el lenguaje riguroso de la lógica que permite evitar las ambigüedades y confusiones del uso del lenguaje ordinario; a esta obra se añade la de Wittgenstein, Tractatus Logico-Philosophicus (1921), dedicada también a la estructura lógica del lenguaje y centrada en la cuestión de lo que «se puede decir»; Russell y Wittgenstein comparten una misma perspectiva lingüística de la realidad, la del atomismo lógico, según el cual mundo y lenguaje muestran una misma estructura común o «figura lógica»; por ser el lenguaje el espejo del mundo, en él se refleja su naturaleza. De ahí surge la idea fundamental de que la realidad sólo se comprende a través del lenguaje, porque éste es el reflejo de la realidad (teoría especular del lenguaje, que sustituye a la teoría especular de la idea del s. XVII) y que el conocimiento no consiste más que en el análisis del lenguaje. En un primer momento, el análisis del lenguaje se confía a la lógica sistematizada en los Principia mathematica, esto es, a un lenguaje formal de lógica de enunciados y de predicados, con el que Russell reduce los enunciados compuestos a enunciados simples a fin de descubrir en ellos los elementos simples que se corresponden con los hechos simples del mundo o con los hechos atómicos (Wittgenstein); también el Tractatus sigue por la senda de descubrir la estructura lógica del lenguaje.

A esta fase inicial de la filosofía del análisis, sigue una segunda fase de decisivo influjo del Tractatus sobre el Círculo de Viena, de donde surge el neopositivismo. Éste añade al movimiento analítico una clara postura antimetafísica, al establecer la verificabilidad como criterio de significado, considerando que todo enunciado metafísico carece de sentido, una vez sometido al análisis lógico (tal como sostiene Carnap en La superación de la metafísica mediante el análisis lógico del lenguaje, 1931). W.V.O. Quine ha atribuido a esta fase el procedimiento, que él denomina «ascenso semántico», mediante el cual en vez de hablar de cosas y objetos, hablamos del lenguaje con que hablamos de las cosas para evitar las engorrosas cuestiones que se refieren a la existencia de las cosas. Es también el período más significativo de la filosofía analítica.

Sigue una tercera fase que corresponde a la vuelta de Wittgenstein a Cambridge, en 1929, y al cambio de su filosofía, que se conoce como «segundo Wittgenstein», expuesta sobre todo en Investigaciones filosóficas (publicadas póstumamente en 1952) y que se centra, no en el análisis lógico del lenguaje, sino en los usos cotidianos del llamado lenguaje ordinario. Son también los años de las críticas de Gödel al formalismo lógico. Esta filosofía analítica, llamada del «lenguaje ordinario» tiene en cuenta la pragmática del lenguaje y contempla el lenguaje, no en su aspecto de reflejo especular de la realidad, sin en una perspectiva más amplia como una actividad y hasta una «forma de vida»; el análisis del lenguaje no busca su reinterpretación según una sintaxis lógica rigurosa -un cálculo lógico-, sino su esclarecimiento a través del reconocimiento de las características naturales del lenguaje vivo, que integra múltiples «juegos del lenguaje», diversas funciones del lenguaje, y la pluralidad de usos y contextos lingüísticos. En los años cincuenta esta filosofía analítica influida por el «segundo Wittgenstein» se desarrolla sobre todo, pero no exclusivamente, en la llamada escuela de Oxford.

2. Bertrand Russell


"La humanidad tiene una moral doble: una que predica y no practica, y otra que practica y no predica".
-B. Russell

Biografía
• Nace: 18 Mayo 1872, Trellech (Monmouthshire, Reino Unido).
• Muere: 2 Febrero 1970, Penrhyndeudraeth (Wales, Reino Unido).

Filósofo y matemático británico. Su abuelo, el notable político y orador John Russell, había sido nombrado conde por la reina Victoria, y desempeñó los cargos de primer lord del Tesoro y primer ministro. Los padres del joven Bertrand, de mentalidad liberal con ciertos matices radicales, hubieran deseado para su hijo una brillante carrera política. Por este motivo, luego de la formación recibida en el Trinity College de Cambridge, el joven fue enviado en 1888 y para largo tiempo a los Estados Unidos, a fin de que pudiera estudiar allí la vida política y las instituciones del país.

De nuevo en la patria y, en calidad de "fellow", en el Trinity College, se vio alejado de tal institución en 1916 debido a la actitud pacifista intransigente adoptada en el curso de la primera Guerra Mundial. Ello le valió asimismo cuatro meses de cárcel, durante los cuales redactó su Introducción a la filosofía matemática.

Anteriormente, en 1900, ya había publicado un importante libro acerca de Leibniz, y en 1910 Principia mathematica (en colaboración con Whitehead), texto que proponía una interpretación "logística" de las matemáticas. Dicha tesis de la reducción absoluta de tal ciencia a lógica había sido también sostenida en Principles of Mathematics, en 1903. La "teoría de los tipos", la de los números como "clases de clases" y la "paradoja de Russell" fueron los resultados más significativos de esta amplia labor de investigación.

En 1920 Russell se hallaba en Rusia. El mismo año llegó hasta Pekín, y en tal ocasión fue considerado muerto por numerosos periódicos europeos; ello se redujo, en la realidad, a una mera pulmonía. De vuelta a Inglaterra, el filósofo publicó, entre 1921 y 1927, algunos libros que difundieron ulteriormente su celebridad: Análisis de la mente (Analysis of Mind, 1921) y Análisis de la materia (Analysis of Matter, 1927). Con su segunda esposa, Dora Black, con la cual contrajo matrimonio en 1921 (en 1894 se había casado con Alys Smith), estableció en Londres, de 1927 a 1932, una escuela infantil inspirada en una pedagogía progresiva y despreocupada.

En 1936 celebró terceras nupcias con Patricia Spence, y en 1938 fue llamado a la Universidad de Chicago en calidad de "visiting professor" de Filosofía. El año siguiente enseñó en la California University, de Los Ángeles. En 1940 su cargo en el City College de Nueva York dio lugar a una polémica extremadamente áspera, y provocó apasionadas protestas en algunos ambientes: se le reprochaba la exposición en forma singularmente cruda de sus opiniones acerca de la vida sexual.

Además de las investigaciones de carácter lógico-matemático, Russell, en efecto, había realizado, con singular fortuna, el estudio de problemas sociales y ético-políticos, y publicado, en consecuencia, textos como Matrimonio y moral (Marriage and Morale, 1929), La conquista de la felicidad (The Conquest of Happiness, 1930) y La educación y el orden social (Education and the Social Order, 1932). En tales obras el autor se revelaba escritor delicado y agudo, a quien el racionalismo y la elegante ironía inducían a soluciones con frecuencia paradójicas, pero siempre muy estimulantes.

En 1950 recibió el premio Nobel de Literatura. En 1952, a los ochenta años, se unía en cuartas nupcias a Edith Finch, y en 1953 publicada la novela Satanás en los suburbios y otras narraciones (Satan in the Suburbs and Other Stories). En 1955 dio a la imprenta el testamento espiritual de Albert Einstein, y se manifestó abiertamente en favor de la prohibición de la guerra atómica y de los conflictos bélicos en general.

Russell rechazó pronto el idealismo metafísico en que fue educado. Su teoría del conocimiento es realista y quiere conectar, a semejanza de la de su colega G. Edward Moore, con las intuiciones del sentido común ordinario. Por un lado, es el heredero de la vetusta tradición del empirismo británico, una corriente filosófica unida siempre al espíritu del liberalismo y de la Ilustración, que pretende reducir todo contenido cognitivo a los datos de la experiencia sensible. Por otro, es el lógico contemporáneo más ambicioso, obsesionado con la idea de un lenguaje simbólico perfecto, que elimine toda ambigüedad expresiva. El resultado de todas estas preocupaciones es el llamado atomismo lógico de Russell, una sobria metafísica empirista que se cuenta entre los mejores logros de la filosofía contemporánea.

En sus Principia mathematica (1910-1913), escritos en colaboración con Alfred North Whitehead, propuso la solución de problemas lógicos que venían atormentando a la filosofía y a la matemática de las últimas décadas. Sus trabajos en la "teoría de tipos" y en la "teoría de las descripciones" pueden citarse entre lo más representativo del estilo analítico de filosofar, que parte de la lógica para tratar de esclarecer rompecabezas seculares de la historia del pensamiento.

Russell consideraba misión del intelectual la difusión de una cultura que habitúe a los hombres a la revisión de sus propias ideas y a la tolerancia mutua; la ciencia, en calidad de tal, no basta para la felicidad de los seres humanos, quienes, en la consecución de tal objetivo, deben acudir al arte, al amor y al respeto recíproco. No fue un ejemplo de convencionalismo ni de adhesión a los valores establecidos.

Buena parte de su obra es de contenido social y moral, en una vena inconformista muy poco apta para mentes esquemáticas. Respecto a la filosofía política, escribió varios estudios, entre ellos Los caminos de la libertad (1924), en el cual expuso las etapas históricas del socialismo, el anarquismo y el sindicalismo, trató temas relacionados con el gobierno, la ciencia y la cultura en el socialismo, además de analizar las ideas de Karl Marx, Mijail Alejandrovich Bakunin y otros.

En Vieja y nueva moral sexual (1929) analizó algunas instituciones y valores básicos de la sociedad como el matrimonio, la prostitución, la naturaleza del amor, la educación sexual, el divorcio y otros temas vinculados a la moralidad sexual. En su obra El Poder en los hombres y en los pueblos (1938), examinó la categoría del poder, ampliándola a numerosos atributos sociales, militares, científicos, públicos y económicos; lo más interesante de su análisis es la tesis que figuró décadas después como uno de los elementos claves de la filosofía moderna de que entre tales instituciones y figuras no hay jerarquía alguna, sólo relaciones más o menos dinámicas que se solapan unas a otras según las circunstancias históricas.

En 1945 publicó la amplia Historia de la filosofía occidental, obra impresionante por su erudición, el poder persuasivo a través de relaciones originales entre filósofos y tendencias, y sobre todo por la maestría de la prosa, no exenta de ingenio y sentido del humor, lo que propicia el acercamiento amable de los lectores a este libro monumental por su extensión y propósitos.

"El problema de la humanidad es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes están llenos de dudas".
-B. Russell

3. B. RUSSELL: Teoría del conocimiento, realismo y crítica del idealismo

No hay en Russell un sistema filosófico definido, porque su larga e intensa vida intelectual tuvo más bien como objetivo, más que la exposición sistemática de su pensamiento, el ejercicio de un análisis filosófico riguroso y crítico de los diversos problemas fundamentales con que se enfrenta el pensamiento humano, aplicando el principio del «constructivismo lógico»: los enunciados compuestos se explican desde su reducción a enunciados simples; de igual manera, la mejor forma de analizar los problemas filosóficos es reducirlos a problemas básicos y fundamentales.

Pueden distinguirse dos períodos muy diferenciados en su producción intelectual. El primero, el período de estructuración de la lógica, que emprende tras un breve lapso de tiempo inicial dedicado a la filosofía idealista, influido por el neohegelianismo de F.H. Bradley, dominante en aquellos años en Inglaterra, y que abandona animado por G.E. Moore para establecerse en el realismo.

Se caracteriza este período por sus investigaciones sobre la fundamentación lógica de las matemáticas, correspondiente a las obras Los principios de las matemáticas y Principia Mathematica. Frutos notables de la reducción de la matemática a la lógica son, aparte naturalmente de la sistematización de la lógica moderna, la exposición de la llamada paradoja de Russell, la teoría de tipos y la teoría de las descripciones definidas; conjunto de teorías que son, sin duda alguna, la aportación más importante de Russell al pensamiento filosófico.

El segundo período se inicia con la publicación de Los problemas de la filosofía -obra que comienza con la pregunta, de tan claro espíritu cartesiano, «¿Hay en el mundo algún conocimiento tan cierto que ningún hombre razonable pueda dudar de él ?»-, en la que aplica el constructivismo lógico a los fundamentos de la teoría del conocimiento. Sostiene Russell que hay dos clases de conocimiento: «conocimiento por familiaridad» y «conocimiento por descripción». El primero es directo, de «cosas», producido por el contacto con los datos sensoriales (sense data: el color blanco, por ejemplo, de una hoja de papel, o un sonido concreto), y que extiende tanto al yo -afirmación que, posteriormente, rechaza- como a los conceptos universales (la «blancura», por ejemplo, propia de todos los objetos blancos, o el «la» musical). El segundo consiste en el conocimiento de «verdades» o enunciados referibles al objeto que conocemos directamente; entre los ejemplos de ese tipo de conocimiento, enumera el propio de los objetos físicos y el de las otras mentes, que nunca es un conocimiento directo, sino inferido del conocimiento que aportan los datos sensibles. Sólo el primer tipo de conocimiento se refiere directamente a la experiencia, mientras que todo lo que es conocido por descripción, aparte de ser problemático, se funda en el conocimiento de las cosas directamente conocidas que supone. Los objetos físicos, tanto los que considera la ciencia física como los que tiene en cuenta el sentido común, no son directamente conocidos por la experiencia, sino que son conocimiento por inferencia. En un principio, en la época de Los principios de la filosofía, Russell afirma que son conocidos a modo de causa de los datos de los sentidos; posteriormente, en Nuestro conocimiento del mundo externo, obra publicada dos años después de Los problemas de la filosofía, y aplicando lo que considera su principio de economía del pensamiento, sostiene que los objetos físicos, más que inferencias, son construcciones lógicas. Posteriormente abandonará la reducción de las cosas físicas a fenómenos de conciencia o construcciones lógicas, para admitir su existencia, causalmente inferida, ahora no como cosas, objetos o hechos, sino como sucesos distintos de los sucesos mentales. Así, por ejemplo, en El conocimiento científico, donde distingue entre sucesos de la mente, o pensamientos, y sucesos del espacio-tiempo, o cosas. De esta forma plantea Russell, con muchos vaivenes de postura, la clásica cuestión empirista de la relación de nuestro conocimiento con la experiencia; todo conocimiento debe fundarse en la experiencia o ser lógicamente inferido de ella; y el análisis filosófico de tipo reduccionista que practica busca hallar los elementos más simples directamente relacionados con la experiencia.

4. B. RUSSELL: Teoría de los tipos lógicos

Teoría de B. Russell, construida entre 1906 y 1908, y que formula en el Apéndice B de sus Principia Mathematica, para salir al paso de las dificultades planteadas por las paradojas semánticas, en especial la misma paradoja de Russell sobre «la clase de todas las clases que no son miembros de sí mismas», paradigma de paradojas, que descubre al averiguar que la noción de clase es en sí problemática. Si una clase es una entidad y, por serlo, se incluye en el conjunto de todas las cosas, caemos en contradicciones: si una clase es una «cosa», «se llega a la conclusión de que existen más clases de cosas que cosas»; por ello, las clases no son «cosas», sino sólo una expresión, que puede emplearse correctamente o incorrectamente: una función proposicional.

La noción incorrecta de clase se pone de manifiesto cuando se analiza la noción de pertenencia a la clase. Las clases por lo común no son miembros de sí mismas: la clase de las cucharillas no es una cucharilla, la clase de los hombres no es un hombre; pero la clase de las cosas que no son una cucharilla no es tampoco una cucharilla y la clase de todas las clases es también una clase. Hay clases, pues, que son miembros de sí mismas y clases que no son miembros de sí mismas; y al considerar si la clase de todas las clases que no son miembros de sí mismas es o no miembro de sí misma, aparece la contradicción de la noción de clases en toda su evidencia: si lo es, no lo es y si no lo es, lo es. Al intentar hallar solución a este conflicto, que, a decir de Frege, ponía en peligro todos los fundamentos de la matemática, Russell crea su teoría de tipos, que en su forma más sencilla afirma que una clase es una función proposicional, cuyo significado depende del dominio de objetos que la hacen verdadera, con el explícitamente formulado principio del círculo vicioso, que prohíbe considerar la totalidad de una colección como formando parte de la misma colección. Hay tipos de clases, esto es, clases cuyos miembros son individuos, clases cuyos miembros son clases de individuos, clases cuyos miembros son clases de clases de individuos, etc., igual como existen individuos u objetos, propiedades de individuos y propiedades de propiedades de individuos, y así sucesivamente. Pero ninguna clase puede ser miembro de sí misma, y, por igual razón, la totalidad de elementos no es ella misma un elemento, sino una clase de tipo superior. No existe una «clase todas las clases», sino simplemente una clase de tipo o nivel superior al resto de tipos de clase. Así, no existe una clase cuyos miembros sean clases y, por lo mismo, los miembros de una clase (de individuos) no son sino individuos, y en modo alguno clases. Pero existe la familia de clases cuyos miembros son clases. La teoría, al distinguir distintos niveles de tipos de predicado, permite evitar las contradicciones de determinadas paradojas. Al decir «la clase de las clases cuyos miembros no son miembros de sí mismas es miembro de sí misma» no hacemos sino construir mal una frase, que no resulta ni verdadera ni falsa, sino una frase sin sentido. La teoría de tipos de Russell reafirma la idea de que no es posible contemplar todos los objetos como pertenecientes a un mismo nivel de realidad (lingüística, por lo menos). La nueva noción de clase le permitió a Russell terminar la redacción interrumpida de los Principia Mathematica, pero la teoría de tipos no ha sido considerada necesaria para resolver paradojas sobre clases ni toda clase de autorreferencia ha sido considerada viciosa.

5. BERTRAND RUSSELL. Teorías de las descripciones

Russell no fue el primer filósofo en sugerir que el lenguaje tenía una importante significancia en cómo entendemos el mundo; sin embargo, más que nadie antes que él, Russell hizo del lenguaje, o más específicamente, cómo utilizamos el lenguaje, una parte central de la filosofía. Sin Russell, parece improbable que filósofos tales como Ludwig Wittgenstein, Gilbert Ryle, J. L. Austin y P. F. Strawson, entre otros, se hubieran embarcado por el mismo rumbo, por mucho que lo que ellos hicieron fue amplificar o responder, a veces de modo crítico, a lo que Russell había dicho antes que ellos, usando muchas de las técnicas que él desarrolló originalmente. Russell, en conjunto con Moore, compartía la idea que la claridad de expresión era una virtud, una noción que desde entonces ha sido un punto de referencia para los filósofos, particularmente entre los que tratan con la filosofía del lenguaje.

Quizás la contribución más significativa de Russell a la filosofía del lenguaje es su teoría de las descripciones, presentada en su ensayo On Denoting, publicado por primera vez en 1905 en el journal de filosofía Mind, el cual el matemático y filósofo Frank P. Ramsey describió como "un paradigma de filosofía". La teoría es normalmente ilustrada utilizando la frase "El actual rey de Francia", como en "El actual rey de Francia es calvo". ¿Sobre qué objeto se trata esta proposición, dado que no existe en la actualidad un rey de Francia? (difícilmente el mismo problema surgiría si hubiera dos reyes de Francia en la actualidad: ¿a cuál de ellos se refiere "El" rey de Francia?)

Alexius Meinong había sugerido que debemos asumir la existencia de un reino de "entidades no existentes" que podamos suponer sobre las que nos estamos refiriendo cuando usamos expresiones como ésa; pero esto sería una teoría extraña, por decirlo al menos. Frege, empleando su distinción entre sentido y referencia, sugirió que tales frases, aunque significativas, no eran ni verdaderas ni falsas. Pero algunas de esas proposiciones, tales como "Si el actual rey de Francia es calvo, entonces el actual rey de Francia no tiene cabello en su cabeza", no parece sólo verdadera en su valor sino en efecto obviamente verdadera.

El problema es general a lo que son llamadas las "descripciones definidas". Normalmente esto incluye todos los términos comenzando con "el", y algunas veces incluye nombres, como "Walter Scott" (este punto es bastante controversial: Russell a veces pensaba que estas últimas no deberían ser llamadas con ningún nombre, sino sólo "descripciones definidas encubiertas"; sin embargo, en trabajos posteriores han sido tratadas completamente como cosas diferentes). ¿Cuál es la "forma lógica" de las descripciones definidas: cómo, en los términos de Ferge, las podríamos parafrasear a modo de mostrar cómo la verdad de ese todo depende de las verdades de las partes? Las descripciones definidas aparecen como nombres que por su propia naturaleza indican exactamente una cosa, ni más ni menos. ¿Qué, entonces, sómos nosotros para decir algo sobre la proposición como un todo si una de sus partes aparentemente no está funcionando correctamente?

La solución de Russell fue, antes que todo, analizar no el término por sí solo, sino la proposición entera que contenía una descripción definida. "El actual rey de Francia es calvo", entonces sugirió, puede ser replanteado como "Existe un x tal que es el actual rey de Francia, nada más que x es el actual rey de Francia, y x es calvo". Russell exigía que cada descripción definida en efecto contenga una afirmación de existencia y una afirmación de unicidad que da esta apariencia, pero éstas pueden ser descompuestas y tratadas separadamente de la afirmación que es el contenido obvio de la proposición. La proposición como un todo entonces dice tres cosas sobre algún objeto: la descripción definida contiene dos de ellas y el resto de la frase contiene la restante. Si el objeto no existe, o si no es único, entonces la frase completa resulta ser falsa, aunque no sin sentido.

Una de las mayores quejas en contra de la teoría de Russell, debida originalmente a Strawson, es que las descripciones definidas no exigen que su objeto exista, ellas sólo presuponen que sí. Strawson también señala que una frase que no indica nada puede ser supuesta a seguir el rol del "valor verdadero invertido" de Widgy y expresa el significado contrario de la frase pensada. Esto puede ser mostrado utilizando el ejemplo de "El actual rey de Francia es calvo". Aplicando la metodología del valor verdadero invertido el significado de esta frase se convierte en "Es verdad que no existe un actual rey de Francia que es calvo" que cambia el significado de 'El actual rey de Francia' de uno principal a uno secundario.

Wittgenstein, estudiante de Russell, logró una considerable prominencia en la filosofía del lenguaje luego de la publicación póstuma de Investigaciones Filosóficas. Según la opinión de Russell, el trabajo más tardío de Wittgenstein no fue dirigido correctamente, y desacreditó su influencia y seguidores (especialmente los miembros de la llamada "escuela de Oxford" de la filosofía del lenguaje ordinario, a quienes los veía como promotores de una especie de misticismo). La creencia de Russell que la tarea de la filosofía no está limitada a examinar el lenguaje común u ordinario es nuevamente aceptada ampliamente en filosofía.

6. EL Atomismo lógico

El atomismo lógico, heredero en muchos aspectos del trabajo de Gottlob Frege en el siglo XIX, es una doctrina filosófica sostenida por Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein durante la primera mitad del siglo XX. Fundada sobre el rechazo del monismo idealista de tipo hegeliano y sobre el reconocimiento de un pluralismo irreductible en el mundo, el atomismo lógico recibe con Wittgenstein y Russell dos versiones diferentes. El nombre "atomismo lógico" se le debe a Russell y aparece por primera vez en su obra La filosofía del atomismo lógico.

El atomismo de Russell

En Frege, y en la lógica de primer orden contemporánea, la verdad de las proposiciones es función de los elementos que la constituyen. Así, al analizar sus elementos es posible determinar el valor de verdad de cualquier proposición.

La tesis defendida por Russell es que estos elementos últimos son al mismo tiempo particulares, es decir, sonidos, imágenes, sensaciones puntuales, y universales, los cuales son los predicados y las relaciones de estos particulares. Los particulares y los predicados son los átomos de nuestro conocimiento, los constituyentes primitivos que aprehendemos en el mundo y a partir de los cuales se elabora nuestro conocimiento. Así, el atomismo lógico no es un atomismo físico, ya que intentamos desprender átomos lógicos que van a constituir el conocimiento, y no átomos físicos.

A partir de los particulares y de los predicados, y añadiéndoles los diferentes conectores lógicos, se vuelve posible formar una proposición. La proposición más simple es la proposición atómica, constituida únicamente por un particular y por un predicado, de la forma F(a), que dice simplemente que un particular a es F. Esta proposición se refiere a un hecho, el cual es el criterio de verdad de la proposición.

Así, el atomismo lógico está acompañado de una tesis ontológica: El mundo está constituido de hechos. Estos hechos son cierto estado del mundo, son unidades discretas e independientes de la voluntad humana. Los hechos admiten también un análisis. Los hechos atómicos corresponden a las proposiciones atómicas. Y los hechos más complejos corresponden a las proposiciones complejas (las proposiciones moleculares).

Se puede interpretar el atomismo lógico como una reacción a la filosofía idealista de Hegel, la cual Russell recibió en su educación en Inglaterra y era defendida por neohegelianos como Bradley. Para los idealistas el todo tiene un privilegio ontológico y epistemológico sobre las partes. El todo es el sujeto de toda predicación (lo que nos lleva a la tesis criticada por Russell de las relaciones internas), y es también el objeto principal de nuestro conocimiento. El conocimiento de las partes no es sino una abstracción del conocimiento de la totalidad.

La distinción que establece Russell entre los predicados y las relaciones, novedad hecha posible por la nueva lógica y que la lógica tradicional fundada sobre el modelo de sujeto y predicado no podía ver, es sumamente importante para comprender la naturaleza del error cometido en la tesis de las relaciones internas. En una proposición como "Pedro es más grande que Pablo", la lógica tradicional juzgaría que "Pedro" es el sujeto de la frase, y que "es más grande que Pablo" es el predicado. Así, el ser más grande que Pablo se convierte en una propiedad interna de Pedro, de la misma forma que Pedro es un hombre o un músico. Con la lógica moderna, podemos distinguir la proposición que dice que Pedro es un hombre, que le atribuye un predicado a Pedro, de la que dice que es más grande que Pablo, que establece una relación entre dos términos. Así, la relación es externa en la medida en que no es un predicado que pertenece a Pedro. La relación no implica entonces una complejidad interna del sujeto, que puede ser un particular. Y es esencial para la teoría del conocimiento que tales relaciones entre particulares sean posibles, porque son éstas las que permitirán construir entidades más elaboradas, como objetos materiales, obtenidos de la asociación de sensaciones.

Russell sostiene que existe un isomorfismo entre nuestro conocimiento y la naturaleza del mundo. Pero esto no es cierto más que para un lenguaje lógico perfecto, y no para el lenguaje ordinario. En un lenguaje perfecto, cada proposición atómica que constituye una proposición molecular corresponde a cada hecho atómico que constituye un hecho complejo. Y la proposición molecular tiene la misma forma que el hecho que describe. Esto muestra la necesidad de un análisis lógico del lenguaje natural, el cual contiene ambigüedades y es motivo de errores filosóficos. Es en este marco que se inscribe la teoría de los tipos y la teoría de la descripción definida.

El atomismo de Wittgenstein

Discípulo y amigo de Russell, Wittgenstein desarrolló también una filosofía atomista lógica durante los años de su juventud. Influido por su profesor, e influyéndolo a su vez, Wittgenstein propone en el Tractatus logico-philosophicus una teoría atomista considerablemente diferente a la de Russell.

Afirma también que el mundo se compone de hechos y "la proposición es una imagen de la realidad" que refleja su estructura lógica. Pero contrario a Russell sostiene que son los hechos y no las cosas los que son los átomos lógicos de la realidad. Ningún análisis es posible más allá del hecho; la cosa es inaccesible independientemente del hecho en el que aparece.

En la Construcción lógica del mundo de Rudolf Carnap aparecen elementos que recuerdan el reducionismo de Frege y el atomismo lógico. Carnap analiza nuestra representación del mundo como una puesta en relación de proposiciones protocolarias (que son formulaciones rigurosas de una experiencia sensible elemental) por medio de reglas lógicas.

Sin embargo, el atomismo lógico fue después abandonado. Las críticas a esta teoría habrían de venir principalmente del mismo Wittgenstein en sus Investigaciones filosóficas, donde muestra que al lenguaje no se le puede concebir como un simple reflejo de la estructura del mundo, y que tampoco puede ser mejorado con la lógica.


RESUMEN de RUSSELL: Teoría de los tipos y teoría de las descripciones

Introducción

1.        Es una teoría del lenguaje, es referencialista, y se encuadra dentro del atomismo lógico.

2.        Según el atomismo lógico hay un paralelismo exacto entre el lenguaje y la realidad (teoría especular del lenguaje, que sustituye a la de la idea).

3.        Los nombres propios y pronombres se refieren a entidades particular; los enunciados a hechos, que pueden ser atómicos o moleculares.

4.        El conocimiento que se refleja en los enunciados puede ser de dos clases:

·        por familiaridad, o directo (datos sensoriales) y de cosas particulares

·        por descripción: es indirecto, se basa en el primero, en la memoria, en lo que nos cuentas, en las verdades científicas, etc. La mayoría de nuestros conocimientos son así.

5.        Por último, las expresiones predicativas no designan entidades, sino propiedades o relaciones.

 

La teoría de las descripciones

1.      Es una crítica de la teoría referencial clásica, puesto que según Russell dos expresiones pueden tener el mismo referente pero significados distintos: “Cervantes” y “el autor del Quijote”. Se refieren al mismo objeto pero no significan lo mismo puesto que no se puede sustituir una por otra en una oración: No es lo mismo decir “Cervantes es el autor del Quijote” que “Cervantes es Cervantes”.

2.      Por lo tanto hay que distinguir entre un nombre y una descripción. Las descripciones definidas incluyen un sustantivo (o expresión sustantivada) que indica una propiedad, como “ser autor del Quijote”.

3.      Pero las descripciones definidas no siempre se refieren a algo, como “el actual rey de Francia”, o “el cuadrado redondo”. Para solucionar este problema algunos, como Meinong,  han distinguido entre entidades existentes (con referente) y subsistentes.

4.      Russell critica esta alternativa ya que amenaza incluso la ley del tercio excluso, porque de no ser verdadero el enunciado “el actual rey de Francia es calvo” tendría que serlo el contrario: “el actual Rey de Francia no es calvo”.

5.      La solución está en el análisis lógico: hay que descomponer la frase: “existe un x tal que x es el Rey de Francia”, por una parte, y por otra “y x es calvo” de modo que la verdad de la segunda está condicionada a la de la primera.

6.      De ese modo las proposiciones de este tipo son proposiciones carentes de sentido. Así evitamos referirnos a entidades fantásticas como “el cuadrado redondo”, etc. El mismo análisis de podría hacer para el argumento ontológico.

7.      El punto fuerte de la teoría de las descripciones es que mediante el análisis se demuestra que ciertas proposiciones, con sentido aparente, carecen de significado porque su sujeto no existe: es un principio de economía del conocimiento, semejante a la navaja de Occam, que nos ayuda a entender mejor la realidad.

 

La teoría de los tipos lógicos

1.      Tiene que ver con la noción de clase, que un conjunto de entidades que comparte alguna propiedad.

2.      Es la propuesta de Russell para solucionar su famosa paradoja: “la clase de todas las clases que no son miembros de sí mismas”. Esa clase sería y no sería miembro de sí misma.

3.      Hay clases que son miembros de sí mismas y clases que no lo son; normalmente no lo son, porque, por ejemplo, la clase de los árboles no es un árbol. Pero otras sí lo son: la clase de cosas que no son árboles es miembro de sí misma, porque una clase así no es árbol.

4.      Este tipo de paradojas se caracteriza por la autoreferencia.

5.      La paradoja se soluciona cuando comprendemos que una clase no es una “cosa”, sino función proposicional, es decir, que designa la propiedad o propiedades que compartes las cosas que pertenecen a dicha clase. El concepto de clase alude siempre a un nivel proposicional superior al de sus referentes. Es decir, hay distintos niveles de realidad y distintas clases de predicados: no es lo mismo ser árbol, que pertenecer a una clase.

6.      En resumen: hay distintos niveles de conceptos:

·        Primero, los nombres que se refieren a las cosas: un árbol

·        Segundo, las propiedades de las cosas: tener raíces, tronco y hojas (que comparte varios individuos.

·        Tercero, pertenecer a una clase; y así sucesivamente. Y un concepto no puede aplicarse significativamente a un concepto de rango superior

7.      Dicho de otra forma: cuando hablamos de clases estamos en un nivel metalingüístico. Esta forma de análisis permite solucionar otras paradojas, como la del mentiroso, de Epiménides de Megara.

 


RUSSELL. VOCABULARIO ELEMENTAL

Análisis [Analysis]: Procedimiento que comienza por la aceptación de «datos innegables» aunque en principio «vagos y ambiguos» y que conduce al reconocimiento de elementos precisos y determinados de los cuales tenemos un conocimiento directo, como los particulares, las cualidades y las relaciones. Legitimar el análisis significa asumir que «el mundo puede ser analizado mediante cierto número de cosas separada que mantienen relaciones» [PLA]. La filosofía de Russell es analítica porque considera que hay que buscar los elementos simples de que están compuestos los complejos, y que las cosas complejas presuponen las cosas simples pero no al revés. La filosofía consiste en una elucidación analítica de los datos sensoriales y de su correspondencia con las verdades científicas. Finalmente, la filosofía de Russell es analítica también porque elimina símbolos incompletos cuando no denotan nada.

Atomismo lógico [Logical atomism]: Resultado de un análisis que nos permite «alcanzar los elementos simples últimos a partir de los cuales está construido el mundo». Entre esos elementos simples hay cualidades, relaciones, etc., que denomina “átomos lógicos”. Los átomos lógicos se distinguen de los átomos físicos en que no son el producto de una construcción, sino el de un análisis. El mundo no es de ninguna manera una unidad en que todo está conectado (monismo), sino una pluralidad de hechos aislados y de relaciones independientes las unas de las otras –lo que no significa que sea absurdo o arbitrario. El atomismo lógico «comparte la creencia del sentido común» según la cual en el mundo «hay muchas cosas separadas», pero considera que pueden ser enumeradas o definidas, no se refieren a un objeto colectivo (universo), sino a cosas comprendidas, tomadas distributivamente, no indiferenciadas.

En el artículo de 1924 que lleva dicho título Russell pretende diferenciarlo del realismo, en la medida en que para el Atomismo Lógico estamos en contacto no con “cosas” físicas como pretendería un realista, sino con “objetos de los sentidos”. El atomismo lógico es un «realismo analítico». Es también el nombre que se da a su sistema filosófico y en especial a su teoría del conocimiento.

Clase [Class]: Grupo de funciones proposicionales formalmente equivalentes (“x es un hombre” equivale a “x es un animal racional”). Constituyen una convención, simbólica o lingüística, pero no necesariamente objetos verdaderos; segunda introducción]. Una clase puede ser vacía o tener un solo elemento, pero nunca debe confundirse con una multiplicidad o un agregado; hay criterios para elaborar una clase (cuantificación, negación, condicionalidad e identidad). Si estos criterios no se cumplen no estaríamos hablando de clases, sino de agregados. La paradoja es que la clase de todas las clases no sería una clase.

Creencia [Belief]: Russell considera verbos como “creer” o “desear” «verbos proposicionales» [PLA] porque en apariencia relacionan un objeto con una proposición sin hacerlo de verdad. También identifica creencias con «actitudes», aunque dicho término le parece «psicológico». La creencia tiene una forma lógica distinta a los hechos atómicos. Lo que distingue a la creencia es la presencia es la presencia de dos verbos de forma lógica irreductible (“creo que hoy es lunes”). Es necesario, además, distinguir entre creen en una proposición y comprenderla. En la creencia funciona el dualismo (verdadero/falso) en la comprensión se trata de captar la forma en que están combinados los elementos constitutivos de una proposición –que nunca son “últimos” estrictamente.

Ficciones lógicas [Logical fictions]: Símbolos incompletos cuyo sentido se adquiere en un contexto. Las cosas materiales (mesas, sillas...) son ficciones lógicas, especialmente en la medida que son un producto de la percepción. Asumir ese principio (a manera de navaja de Occam) permite evitar la creencia metafísica en «constituyentes últimos de la materia». La construcción de ficciones lógicas supone una gramática filosófica que fije el estatus de los símbolos incompletos.

Gramática filosófica [Philosophical grammar]: Método de resolución de los problemas filosóficos. «El estudio de la gramática es susceptible de ofrecer mucha más luz sobre los problemas filosóficos de lo que habitualmente suponen los filósofos». «Creo que la casi totalidad de la metafísica tradicional está llena de errores debidos a una mala gramática». La confusión entre nombres propios y descripciones definidas, la jerarquía de tipos, las ficciones lógicas... muestran la necesidad de una gramática filosófica. Asimilar nombres a adjetivos o considerar las descripciones definidas como sujetos lógicos son ejemplos de mala gramática filosófica. Por ejemplo; la palabra “Dios” en la frase “Dios existe” no es un nombre propio (si lo fuese no podría haber disputas sobre su existencia) sino una descripción definida. Tenemos una tendencia a atribuir a entidades las propiedades que sólo convienen a los símbolos. Mediante la gramática filosófica nos hacemos sensibles a la distinción entre las propiedades de los símbolos y las propiedades de las cosas.

Hecho [Fact]: Un hecho es «todo lo que es complejo». Los hechos pertenecen al mundo objetivo. Un hecho es lo que convierte a una proposición en verdadera o falsa.

Hay diversos tipos de hechos: se acostumbra a distinguir entre atómicos y moleculares. Los hay incluso “testarudos” o “robustos” (stubborn facts). Toda experiencia es un hecho, pero no todo hecho es una experiencia. Precisamente por respecto a los hechos, para no privilegiar un tipo de ellos sobre otro, la filosofía no se pronuncia sobre cuestiones empíricas, o lo que es lo mismo, se interesa más por la forma de la clasificación que por el hecho mismo. Debiera evitarse construir una filosofía sobre un hecho para evitar que hechos nuevos vengan a desacreditarla.

Idealismo [Idealism]: Doctrina según la cual la experiencia y sus objetos son mutuamente dependientes. El idealista es «el hombre que cree que todo lo que existe puede ser llamado “mental”». Para Russell el principio de Berkeley: «esse est percipi» resulta difícilmente refutable. En su opinión ninguna verdad posible es enteramente verdadera, en la medida que la verdad sería solo una propiedad de un todo indivisible. A partir de 1901-1903, Russell se negó a aceptar que haya algún (o algunos) tipos de términos (“ser”, por ejemplo) cuya existencia sea más real que otro. El idealismo cae en el error de convertir todas las proposiciones en identidades.

Identidad [Identity]: «Dos términos son idénticos cuando el segundo pertenece a cada clase a la que pertenece el primero» [PoM, párrafo 26]. Es una relación a la vez reflexiva (todo término es idéntico a sí mismo), simétrica (si un término x es idéntico a y, entonces y será idéntico a x) y transitiva (si x, y, z son idénticos entonces x será idéntico a z). La identidad de un término consigo mismo es perfectamente banal, pero en los términos denotativos resulta un problema más arduo. La justificación del principio de identidad depende del «Axioma de reductibilidad» (“para toda función de un orden superior existe una función correspondiente de primer orden que le es equivalente”).

Lógica [Logic]: En lógica, como en matemáticas se estudia «formalmente lo que puede ser dicho de toda cosa o propiedad» [IMP] Las proposiciones de la lógica son necesariamente generales. Son las que podemos expresar en términos de constantes lógicas y que pueden ser deducidas de la ley de contradicción. Son proposiciones verdaderas en función de su forma aunque Russell, acepta que resulta difícil decir qué significa “verdadero en función de su forma”. De las proposiciones lógicas no se deriva ningún conocimiento del mundo real porque expresan sólo formas o relaciones. Russell distinguía una «lógica filosófica» que se ocupa de “indefinibles”, (proposiciones generales, análisis y enumeración de formas lógicas, clasificaciones, creencias) y una «lógica matemática» que suscita «dificultades todavía no resueltas» que se ocupa de «objetos hipotéticos que poseen propiedades generales de las que deriva cualquier deducción». En matemáticas no se sabe ni de qué hablamos, ni de si es verdadero, en la medida en que se construyen a partir de proposiciones primitivas de la lógica y de proposiciones deducidas de axiomas generales.

Logicismo, logística [Logistic]: Tesis según la cual las matemáticas son reducibles a la lógica, en el sentido en que:

  • Todos los conceptos matemáticos pueden ser definidos en los términos en que lo están los conceptos lógicos y

  • Gracias a esta traducción todas las verdades de las matemáticas derivan de las verdades de la lógica: los teoremas matemáticos pueden ser derivados a partir de axiomas lógicos, en una deducción puramente lógica. Russell defendió esta tesis, por lo menos hasta 1937, en la medida en que el programa logicista le parecía útil para descubrir leyes generales no contradecidas por la intuición.

Monismo lógico [Logical monism]: Doctrina (defendida por Spinoza y que Russell conocía por Bradley) según la cual la realidad es una, más allá de las apariencias sensibles, y que deduce la existencia del mundo a partir de un razonamiento. Es exactamente lo contrario de lo que opina Russell para quien la lógica no puede deducir la realidad a partir de premisas formales. Para Russell nuestro mundo es fragmentario, aunque no por ello contradictorio, hay que renunciar a toda hipótesis de conocimiento del universo como unidad orgánica.

Realismo [Realism]: Russell denominó a su teoría «realismo analítico» (1911) antes de denominarla Atomismo Lógico. Se base en el principio de la independencia de los objetos respecto al conocimiento o a la experiencia, de tal forma que se evite la regresión “ad infinitum” de los idealistas. La creencia en el mundo exterior es “instintiva”, no lógica. El realismo es “coherentista” en materia de creencias –considera que una funció de la filosofía consiste en «establecer la jerarquía de nuestras creencias instintivas, comenzando por las más fuertemente enraizadas». Ello no resulta contradictorio con una posición “correspondentista” de la verdad, vinculada a la lógica.

Tipos lógicos (Teoría de los): Teoría que permite evitar paradojas como la de Epiménides, basadas en la confusión entre lenguaje de “primer orden” y de “segundo orden”. Cuando Epiménides dice “todos los cretenses son mentirosos” esa proposición es de segundo orden respecto a “todas las proposiciones de primer orden son falsas”; bastaría, pues, con decir “todas las proposiciones de orden n...” en vez de “todas las proposiciones”, para deshacer el entuerto. Para Russell es básico aceptar, para poder hacer una buena filosofía, que las significaciones [meanings] de las palabras son de tipos diferentes.

Verdad [Truth]: En Russell, la verdad no es un criterio, sino una propiedad de los juicios o de las creencias. No existe una “marca de fábrica” de la verdad, sino que lo importante es estudiar la naturaleza de las cosas a las que atribuimos “verdad” o “falsedad”. La verdad tampoco le parece ninguna característica específicamente humanizadora, sino más bien una relación externa. A escala humana, más que la “verdad” interesa la “verificabilidad”: «... la verificabilidad no es lo mismo que la verdad; es algo mucho más subjetivo y psicológico. Pues para que una proposición sea verificable no basta que sea verdadera, sino que debe ser tal que se la pueda descubrir como verdadera. Así la verificabilidad depende de nuestra capacidad para adquirir el conocimiento y no sólo de la verdad objetiva». La utilidad acompaña a la verdad, al menos inductivamente, pero eso no significa que el criterio de verdad sea un criterio de utilidad. Más bien –y contra la tesis pragmatista– considera que la verdad se ha confundido demasiado a menudo con los intereses humanos; por ello necesitamos una “humildad cósmica” ante la verdad. Russell defendió una tesis “correspondentista” sobre la verdad: hay hechos que convierten en ciertas nuestras creencias verdaderas y otros que las vuelven falsas: la verdad o falsedad de una creencia no depende de su verificabilidad. O como decía Russell: si no hubiese vida sobre la tierra la distancia entre el ecuador y el polo sería la misma, aunque nadie lo supiera.