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página de filosofía de jesús ángel martín Materiales didácticos. Otras corrientes del s.XX INTRODUCCIÓN A LA FILOSOFÍA CONTEMPORÁNEA. S. XX
La primera década del S. XX
europeo se caracterizó por la inestabilidad política pero, al mismo tiempo, por
el dominio político, económico, cultural y tecnológico de las potencias
europeas. Esto contrastará con las penosas circunstancias que tendrán que vivir
posteriormente los europeos. Algunos rasgos característicos de esta belle époque,
así se denominan estos primeros años, son: a) el auge del capitalismo vinculado
a las monarquías constitucionales; b) confianza absoluta en el progreso
científico-técnico para resolver los problemas fundamentales de la humanidad; c)
inestabilidad política unida a un complicado sistema de alianzas entre las
potencias continentales.
Dos fenómenos característicos del
S. XX, y contrapuestos, son las vanguardias que se han desarrollado, sobre todo,
en la pintura y la literatura. Cabe destacar las siguientes: impresionismo,
expresionismo, dadaísmo, cubismo, futurismo, constructivismo ruso, surrealismo,
arte abstracto, conceptualismo, arte pop, op art... El otro es la cultura de
masas. La elevación del nivel económico de la población y el desarrollo de
nuevas tecnologías relacionadas con los medios de comunicación -prensa, radio,
cine, televisión y, más tarde, vídeos e informática-, han propiciado este
fenómeno.
Las corrientes filosóficas que se
desarrollan desde finales del S. XIX más importantes son:
Vitalismo El vitalismo surgió como una reacción al idealismo de Hegel y al positivismo de Comte. En términos muy generales, el vitalismo se caracteriza: a) Por considerar la vida como la realidad radical o primera en la que debe centrarse la filosofía. Ahora bien, la vida se entiende de muy diversas maneras, en un sentido espiritualista, biológico, biográfico o metafísico-cósmico. Nietzsche consideró la vida en un sentido axiológico y cultural. Ortega y Gasset la entendió en sentido biológico, pero sobre todo, biográfico, es decir, como existencia humana vivida. b) La vida se convierte en el criterio que nos permite interpretar o evaluar los valores morales, sociales o de cualquier otro tipo, de manera que sólo aquellos valores que sirvan para acrecentar y estimular la vida serán legítimos; los que la anulen, deberán ser cambiados. c) La razón es entendida como una manifestación más de la vida. Ortega, en concreto, rechaza las concepciones tradicionales de la razón como algo ajeno o desarraigado de la vida, él propone el “raciovitalismo”.
Bajo el nombre de "Filosofía
analítica" se encuadran numerosos pensadores y escuelas que mantienen en
común una actitud y un método, pero en otros aspectos hay divergencias. Los iniciadores de este movimiento fueron G. E. Moore, B. Russell y L. Wittgenstein. Las corrientes de pensamiento más próximas, y normalmente integradas en esta tendencia son el Atomismo lógico y el Positivismo lógico. Las características generales del movimiento analítico en general son:
·
Una actitud filosófica de clara
tendencia empirista. Empirismo que consiste en afirmar la existencia de cosas
con independencia del sujeto que conoce. Las cosas son el punto de partida, y no
la conciencia o el pensamiento. · La tarea de la filosofía es el análisis del lenguaje. Los problemas que se plantean son, por supuesto, filosóficos, pero a partir y desde el lenguaje. Ese análisis puede ser: análisis lógico del lenguaje para buscar un lenguaje ideal que elimine los problemas creados por el lenguaje ordinario y el filosófico. O bien, análisis lingüístico del lenguaje ordinario. En este caso se busca determinar las reglas de uso del lenguaje ordinario y, a la vez, evitar las trampas en las que se cae por un mal uso del lenguaje. La razón de este interés por el análisis del lenguaje está en que para ellos la filosofía no es una actividad de "primer orden", es decir, que proporcione conocimiento directo de la realidad, al igual que hacen las ciencias; sino actividad de "segundo orden" que consiste en el esclarecimiento de conceptos, proposiciones, problemas, y en la formulación de proposiciones, pero en un plano metalingüístico. Esto precisamente es el análisis del lenguaje. · c) Los problemas filosóficos son falsos problemas que crea el propio lenguaje y que se resuelven o "disuelven" como tales problemas mediante un análisis del lenguaje. Por eso toda metafísica se reduce al análisis del lenguaje.
La fenomenología surge como una reacción al positivismo y relativismo imperantes en ese momento. El positivismo ha condenado como inútil toda reflexión que no recaiga sobre "hechos" verificables que nos permitan prever y dominar los acontecimientos. Los resultados no se dejan esperar: el sujeto, los valores, el sentido de la vida, el problema del conocimiento, etc., es decir, las cuestiones específicamente humanas, quedan fuera del campo del análisis. A la filosofía le corresponde recuperar esos ámbitos de reflexión y devolver al hombre la confianza en la razón. Husserl, iniciador de esta corriente, quiere convertir a la filosofía en una ciencia estricta que se fundamenta en un nuevo método: el fenomenológico. Los puntos centrales de esta filosofía se pueden sintetizar en lo siguiente: · La fenomenología es ciencia de los fenómenos, es una ciencia que busca la esencia, el contenido esencial de las cosas, su sentido y significación para el sujeto. Es una reflexión sobre los hechos no como algo ajeno a nosotros, sino como "algo", como un fenómeno, cuya esencia afecta a nuestra conciencia provocando una "vivencia". · La conciencia es la totalidad de los actos o vivencias experimentados. La conciencia se caracteriza por su intencionalidad, la conciencia es siempre conciencia de algo, ese "algo" es el objeto de la conciencia. Hay una relación dinámica entre la conciencia y el objeto. Este "tender hacia algo", denominado intencionalidad, es bipolar, incluye tanto la vivencia o el acto subjetivo de pensar, percibir, recordar..., como el contenido objetivo de ese acto, o sea, lo pensado, percibido... Pero ese contenido no es el objeto mismo (por ejemplo, el árbol), sino lo que está contenido en la vivencia, lo que "aparece" en la percepción, el "sentido" de la vivencia (lo que "aparece" en la percepción del árbol, el percepto). Lo que interesa es lo que se da de modo inmanente a la conciencia. · Lo que se pone de manifiesto a la conciencia es el fenómeno. Este concepto tiene para Husserl un sentido muy distinto del que tiene en Kant, no oculta ningún "noúmeno" desconocido. Para Husserl, el fenómeno es lo que aparece y se manifiesta en sí mismo a la conciencia; no es ninguna apariencia defectuosa que oculta la verdadera realidad, al contrario, todo fenómeno posee y revela una esencia. El método fenomenológico conduce a la intuición de esas esencias.
·
El método fenomenológico se basa
en una operación denominada "reducción" o epojé que consiste en poner "entre
paréntesis" o "suspender" nuestro juicio sobre ciertos aspectos de lo dado. No
se trata de dudar de la existencia de las cosas, por ejemplo, sino de eliminar
todo los presupuestos, prejuicios, interpretaciones... que rodean y envuelven
nuestra consideración de las cosas. Lo que no pertenece al fenómeno hay que
eliminarlo para captar la esencia de las cosas. En concreto, de lo que se trata
es de llegar a ese momento en el que las cosas son percibidas, al momento mismo
en el que se convierten en objetos para nuestra conciencia. El existencialismo
El Existencialismo surge en
Alemania en 1930 (Heidegger y Jasper) y de allí se extiende al resto de Europa,
sobre todo a Francia (Merleau-Ponty y Sartre) donde llegó a convertirse en la
filosofía más popular de la década de los 40-50 debido, en parte, a la actividad
literaria de Sartre, Camus, S. de Beauvoir, etc. Su éxito fue tal que llegó a
haber un "estilo de vida" existencialista. A partir de los 60 empieza a decaer.
Esta corriente filosófica no fue homogénea y monolítica: hubo existencialistas
cristianos, ateos, optimistas, pesimistas, etc.
El existencialismo también
responde a una tradición filosófica marcada por el rechazo del idealismo y del
positivismo. · la utilización del método fenomenológico y · la afirmación de la existencia como el fenómeno fundamental del que hay que partir. Con respecto al concepto de existencia hay que señalar que para los existencialistas es el modo de ser propio del hombre. No se trata del "darse" o "existir" de cualquier objeto, sino de la existencia del hombre concreto, mundano; se trata de esa realidad individual y única que es el yo, por oposición al "cogito" cartesiano o al "yo transcendental" de Kant. Esa existencia que se convierte en el principio o fundamento desde el que se juzga y establece el significado y el valor de toda realidad, se caracteriza por ser libertad, no razón o pensamiento. La existencia implica libertad y conciencia, por tanto el hombre existe en la medida en que es el origen de sí mismo y se hace a sí mismo por medio de elecciones libres, e igualmente en la medida en que se posee a sí mismo por la conciencia. Sin embargo, la existencia, nuestra existencia, es problemática porque tenemos que elegir y elegirnos a nosotros sin saber qué camino o que posibilidad es la mejor, dado que no hay ningún modelo o ninguna esencia humana común a todos que nos preceda determinando lo que hemos de llegar a ser. Pero si el hombre renuncia a su libertad lleva una vida inauténtica.
Posmodernidad La forma de pensar que empieza a imponerse a finales del s. XX podría calificarse como 'conciencia posmoderna', de acuerdo con el sentido más extendido del término 'posmodernidad'. El término surge en el ámbito de la arquitectura, de la mano de Charles Jencks, en su libro de 1981, el lenguaje de la arquitectura posmoderna. En él se describe un nuevo estilo arquitectónico por oposición al llamado estilo internacional, de carácter funcional, universal, carente de elementos decorativos y despreocupado por el contexto y aplicación del edificio. La generalización del término ‘posmodernidad’ se popularizó a partir de la publicación de La condición postmoderna de Jean-François Lyotard en 1979, y desde entonces son muchos los que han participado en la polémica, siendo Gianni Vattimo uno de sus más acérrimos partidarios. El filósofo italiano Gianni Vattimo define el pensamiento postmoderno con claridad: en él lo importante no son los hechos sino sus interpretaciones. Así como el tiempo depende de la posición relativa del observador, la certeza de un hecho no es más que eso, una verdad relativamente interpretada y por lo mismo, incierta. El modelo determinista de la causalidad, de la verdad de un sujeto fuerte al estilo de Hegel, Kant e incluso Marx y el planteamiento del tiempo lineal como el de Leibniz son puestos en tela de juicio. Se considera a Nietzsche el primer postmoderno, pero hay intérpretes que se remontan a ciertas actitudes postmodernas de algunos sofistas. El texto de referencia obligado para hablar del tema quizás sea el de Habermas, titulado Modernidad contra posmodernidad en la edición de New German Critique de 1.981, pero escrito inicialmente para una charla dada en Frankfurt en 1.980. Desde entonces artistas, críticos y pensadores han expresado sus pareceres sobre este tema. Habermas define la modernidad como el proyecto de la Ilustración que asume la idea de progreso como su paradigma fundamental. Esta idea de progreso implica el optimismo lógico de la creencia en el desarrollo infinito de la razón y la mejora consiguiente de la vida humana. La modernidad nació integrando el mundo clásico pero superándolo a la vez; por ello la idea de progreso lleva implícita de alguna forma la de evolución superadora, lo cual conduce a la convicción de que lo nuevo es siempre lo mejor y lo último mejor que esto. Una de las expresiones más llamativas del progreso como proyecto cultural de Occidente son las Exposiciones Universales. El mismo criterio de progreso aplicado a la técnica impregnó el mundo del arte, donde se considera que las vanguardias son la última expresión de la modernidad; pero el fenómeno afecta de tal manera la conciencia social que se traduce en la moda como fenómeno cultural entendida en sentido amplio... Si la modernidad consagra lo último como valor cómo podríamos definir lo 'posmoderno'. La mejor forma que encuentro de hacerlo, y por otra parte la más lógica, es la que refiere la 'posmodernidad' a lo que está después de lo último. Los modelos modernos a la hora de concebir la evolución social son historicistas, desde los albores de la modernidad hasta la dialéctica de Hegel y sus epígonos, adobados todos ellos con el evolucionismo biológico; todos nos hacen pensar en un final feliz. No es que el historicismo sea un invento moderno pero la modernidad le añadió una nueva aportación: la idea de progreso, que dio lugar a una especie de historicismo tecnológico que nos hizo creer en ese final feliz. Pues bien, sea porque ese final ya ha llegado, sea porque no puede llegar, sea porque nos hemos cansado de esperarlo parece que el mundo se ha decidido a levantar un nuevo paradigma sociocultural y empezar a vivir al margen de ese final. Para categorizar esa situación se usa la palabra 'posmodernidad'. La polémica aludida, que Habermas deja servida en su artículo, se centra entre los que defienden el fin de la modernidad y los que opinan que el proyecto moderno aún no está agotado. Mi opinión es que, si bien vivimos inmersos hasta la médula en la modernidad, sobre todo en el ámbito político, económico e industrial, hay toda una serie de síntomas culturales que nos permiten hablar de una nueva 'conciencia posmoderna'. Los síntomas van desde el campo del arte hasta una nueva forma de concebir la racionalidad pasando por nuevos usos sociales... Podríamos sintetizar los síntomas de esta nueva forma de pensar en las siguientes características: · En contraposición con la Modernidad, la Postmodernidad es la época del desencanto. Se renuncia a las utopías y a la idea de progreso. Se asume el final del modelo universalista de razón instalado durante la Ilustración para dar paso al relativismo en las formas de pensar. El hombre basa su existencia en el relativismo y la pluralidad de opciones, al igual que el subjetivismo impregna la mirada de la realidad. · Desaparecen las grandes figuras carismáticas, y surgen infinidad de pequeños ídolos que duran hasta que surge algo más novedoso y atractivo. · Deja de importar el contenido del mensaje, para revalorizar la forma en que es transmitido y el grado de convicción que pueda producir. · Desacralización de la política. · Los individuos sólo quieren vivir el presente; el futuro y el pasado pierden importancia. Hay una búsqueda de lo inmediato. · Desaparecen los ideales universales. La única revolución que el individuo está dispuesto a llevar a cabo es la interior. Se rinde culto al cuerpo y la liberación personal. · Pérdidas de fe en la razón y la ciencia, pero en contrapartida se rinde culto a la tecnología. · El hombre basa su existencia en el relativismo y la pluralidad de opciones, al igual que el subjetivismo impregna la mirada de la realidad. · Pérdida de fe en el poder público. · Despreocupación ante la injusticia. · Desaparición de idealismos. · Desaparición de la valoración del esfuerzo. |